Blogia
Metal Progresivo

Difícil Equilibrio - Simetricanarquía (2003)

Difícil Equilibrio - Simetricanarquía (2003)

Pretenciosos discípulos de las atmósferas crimsonianas, pero con un carácter más marcadamente vanguardista, pues así se les etiqueta, la banda de rock progresivo española, absolutamente desconocida, es un tesoro escondido de melodías que rozan el absurdo (y a veces el ruido) y la abstracción formal. Simétricanarquía es así. No es sin embargo su mejor trabajo. Pero arriesgan al máximo con melodías ultrarrepetitidas, con riffs, y voces que hacen exactamente lo mismo una y otra vez hasta el aturdimiento. El atrevimiento compositivo es exacerbado. La pretenciosidad, relativa. Los nombres de las canciones vendrían a definir lo que en ellas se trata de representar, o tal vez no… las melodías sin voz crean una confusión, como la pintura expresionista dice algo pero que sólo logramos entender porque leemos su título.

Así, Vidas son horas nos mete por los oídos unas tenebrosas guitarras distorsionadas dobladas en estéreo (una por canal) que expresan sentimientos inacabados. Son cinco minutos con apenas tres variaciones en la estructura compositiva. Pero se pasa rápido el sufrimiento. Si bien El ángel exterminador no termina de recordarme a la inverosímil película de Buñuel de mismo nombre, el sentimiento de enclaustramiento solitario se hace patente gracias de nuevo a las guitarras de la escuela Fripp y a los instrumentos de vientos que acompañan. Penumbra es aún más ambiental, y nos sumerge durante un minuto en el crepúsculo gracias al violonchelo de Celia Torres. Dynamite es tremendamente machacona hasta la fatiga, y sin embargo hace de la confusión un placer delicioso, con salvajadas guitarrísticas a lo Hendrix por solos, y la siempre presencia del bajo, marcando sus propias melodías. Al destino devenir es el momento heavy del disco, en el que dos notas dan juego para varios minutos y sucesión de juegos rítmicos. Algo semejante ocurre en Dynamite en su planteamiento, pero con más distorsión y carácter. Es la Confusión mayúscula. Ruptura 3 rompe bruscamente, y nos relaja con guitarras cristalinas con dedos que, de improviso, vagabundean por los trastes del instrumento dulcemente. De nuevo otra equilibrada combinación con el saxofón. Jacqueline prosigue con la línea pretendida del álbum, nos anima a seguir escuchando: Zakarit mena al Maghreb es una demostración multicultural de Luis Rodríguez a la percusión, aparte de la colaboración de un vocalista africano. El disco acaba de globalizarse totalmente en su musicalidad, lo cual lo enriquece, pero le falta madurez al estar aislado como fragmento musical, no enlazado con algo más. El principal problema de Simetricanarquia es tal vez su trazado de continuas fronteras en el disco. A cada momento hay un empezar de nuevo con algo nuevo. Continuando, Trayecto V introduce cantos femeninos arábigos y nos lleva de lleno a Bypass, la parte más sobria del disco. No hay música, hay divagaciones mentales simuladas por bajo y batería, hasta llegar a la última pieza que da nombre al disco: siete minutos de difícil equilibrio entre simétricas/anarquías melódicas.

¿O no es acaso eso? Juegos acústicos que llegan a la mitad de la canción: y entonces se hace un silencio de dos minutos, manierismos de músicos, tras lo que suena una vieja hiladora, o tal vez un cinematógrafo, y el disco concluye con versos en catalán. Hay mucho de inexplicable en este disco de rock progresivo, por lo que los fans de esta banda merecerían algunas explicaciones del por qué esto suena así. Aunque da gusto no entenderlo.

Simetricanarquía es un disco al que podemos apreciar por su pretensión de innovar en la escena sonora del rock progresivo español.

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

0 comentarios

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres