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...Sobre la Música

...Sobre la Música

En esta ocasión toca un poco de morralla teórico-semiótica sobre la música. Tragad saliva ante este artículo y pensad... ¿Teoría Comunicativa sobre la Música? No existe NADA, sólo ambiguos ensayos, breves exposiciones, y algún que otro profeta solipsista*. Una extensa bibliografía que apenas aporta mucho. Dice Gerard Vilar (profesor de Estética y Teoría de las Artes en Barcelona), refiriéndose a esto:

«Como un chimpancé hojeando La Divina Comedia, el filósofo se rasca la cabeza y el sobaco sin conseguir apenas algún resultado más allá de cuatro obviedades y lugares comunes».

Si queremos hablar de autores contemporáneos sobre esto, y lo haremos aquí, habría que comenzar por Theodor Adorno escribió Sobre la música en 1978, entre otros proyectos e intentos de entender el arte más irracional y alejado de lo lógico y lo inteligible. Filosofía y Música son dos objetos que no distan demasiado uno del otro en la forma de comprenderse ambos. Y Adorno era un experto en ambas entidades histórico-sociales. Pese a que no utilizaba la herramienta del lenguaje tanto como mecanismo de comprensión sino de distinción (para ponerse en un plano superior de pensador e intelectualote), Adorno era un puto genio.

¿Es la música, dentro de todas las artes, el vehículo más directo y "puro" en la búsqueda de la trascendencia hacia un plano supraterrenal, hacia la transmutación de valores metafísicos o hacia alguna esencia humana? ¿Es la música acto y reflejo de las máximas y las mínimas expresiones humanas? o ¿Es un "misterio indescifrable de la cultura humana"? Esto último no, para Adorno. Simplemente, es una forma de conocimiento no discursivo, con una gran carga mimética*, y con otra carga de abstracción momentánea. O según él:

 

«A la música que hoy pretenda legitimidad se le debe exigir lo que podríamos llamar un carácter cognitivo». «La música de entretenimiento planificada industrialmente [...] son productos culturales que traicionan o atacan directamente a la libre individualidad.

La música es una expresión distinta a otras artes, no en términos de superioridad, sacralizad, capacidad o expresividad, sino sencillamente de otro plano, de otro lenguaje al que, en culturas como la nuestra, Occidente, tan figurativa, representativa, tan gráfica, tan explícita, nos cuesta más conocer.

«En comparación con el lenguaje significativo, la música sólo es lenguaje en tanto que de un tipo completamente diferente. En él yace el aspecto teológico de la música. Lo que ella dice se encuentra a la vez determinado y oculto en la afirmación. Su idea es la figura del nombre divino. Es oración desmitologizada, liberada de la magia de la influencia; es el intento humano, vano como siempre, de nombrar el nombre mismo, en vez de comunicar significados».

Explicar la música en términos semiótico, matemáticos, microfísicos, sería como tratar de entender la «mera textura fenomenal de sonidos», llegando así a sólo percibir caleidoscopios acústicos.

Nada de eso.

La comprensión final de la música reside en su interpretación, por encima de lo que para otras artes resulta su ejecución.

Pero después de esto... ¿Cuál es el telos o finalidad de la música? Este nudo gordiano (...este Gordian Knot...) que no puede descubrirse bajo la mirada al detalle del analista, lo desenreda en el plato genérico y general Adorno, cuando habla de Trama Musical. Se habla en lugar de Trama, también de: Contenido musical, Expresión Difundida, Formas Sonoras Animadas... La idea de todo esto es que la música no conoce el concepto, sin embargo, ésta se halla muy cerca del propio conocimiento, de la abstracción formal y del sentimiento primitivo. Este sentido primitivo, de ritual, hipnotizador, se percibe en un doble bombo, en la imposibilidad de advertir tal cual un ‘barrido’ de guitarra, o en la simpleza cautivadora de una secuencia melódica, que nos transmuta unas emociones únicas, nuestras, incompartibles...

Por tanto se puede suponer que la pretensión de extraer ideas universales sobre Música o Conocimiento es cliché y tabú. Es un fracaso contínuo, traerse a casa lo imposible... La pertinencia musical es un resultado de su forma estética per se. Es el precio que tiene que pagar por no poder ofrecer un mensaje cerrado exacto, de carácter auténtico.

Por tanto, concluye Adorno: «Su semejanza con el lenguaje se cumple mediante su distanciamiento de él».

Es tal vez por eso por lo que cuando estudiamos arte en los colegios no estudiamos música... ¿¿POR QUÉ?? ¿Sólo porque requiera otro tratamiento distinto? Hoy día la gente no es capaz de encuadrar a Schuman o a Rachmaninov en la historia del arte... no pasa lo mismo con Van Gogh o J.L. David ¿eh?

«El argumento apologético, según el cual en la historia de la música siempre se ha desarrollado una dimensión unilateralmente a costa de las otras, no tiene mucho peso».

La música debe ser reflexionada y compuesta hasta el agotamiento, añade el pensador americano, porque ésta se halla frente a una aporía. Una dicotomía de búsqueda de lo simple y lo complejo a la vez. El arte musical aparece en su impulso mimético y en su carácter libre de convenciones generales, como algo monadológico*.

Mientras tanto, la música nos sigue mirando con ojos vacíos... como los de una máscara maya que oculta tras de sí un conocimiento incognoscible, una realidad olvidada...

 

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Monadología.

Mimesis: Imitación de la naturaleza.

Solipsismo: Creencia metafísica de que lo único de lo que podemos estar seguros es de la existencia de nuestra propia mente, y la realidad que aparentemente nos rodea es incognoscible y puede no ser más que parte de los estados mentales del propio Yo.

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2 comentarios

momo -

ni falta que hace
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Carlos Luis -

Puf, ¿que es esto?. Cuídate de los ataques de verborrea. La definición de Monadismo es de una imprecisión y ligereza insultantes. Cuida los detalles si pretendes hacerte pasar por erudito.
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