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Metal Progresivo

Disonancia Cognitiva

Disonancia Cognitiva

No os he abandonado, sigo desde el silencio, explorando sonidos y buscando extraños uraños hertmitaños de la música. Aunque hoy quiero focalizar sobre el papel crítico de la música en la sociedad y en la cultura, no mediante lo verbalizable, sino la actitud cojonera que supone la propia creación musical. Para esta ocasión utilizo el término psicológico de "disonancia cognitiva", adaptado al lenguaje musical, para estrapolar la incompatibilidad existente entre dos modelos distintos de entender la forma en que se concibe la música para las masas.

Guy Debord y los situacionistas opinaban que el «velo de la ilusión se podía traspasar fácilmente. Bastaría con una ligera disonancia cognitiva, una señal de que algo no funcionaba en el mundo que nos rodea». El llamado Detournement, es decir, la posibilidad artística y política de tomar algún objeto creado por el  mercado capitralista o sistema politico hegemónico, y distorsionar su significado y uso original para producir un «efecto crítico».

La disonancia cognitiva es el efecto crítico que necesita la música, y que de hecho utiliza cuando en ella hay dotes analíticas.

¿Problema? Todo mensaje antisistema, es absorbido por el sistema. ¿Cómo es posible? La realidad de la cultura de "periferia" pasa al "centro". Históricamente, la cultura centro era un núcleo mínimo. La burguesía, los modales, la enseñanza... Actualmente, el núcleo centro se ha ensanchado hasta niveles insospechados, absorbiendo todo acto de rebeldía. De esta manera, compramos ropa gótica, consumimos cine de terror, y escuchamos heavy metal en cualquier lugar. Y no pasa nada porque críticamente no es nada. Consumo. Los movimientos culturales revolucionarios en Occidente ya no pueden existir.

El verdadero significado de la música crítica y comprometida no reside en lo que su letra dice, afirma, proclama, sino en cómo los recursos melódicos son utilizados para crear esa sensación de que algo no va bien en el mundo. La disonancia cognitiva,  por tanto, la entiendo a dos niveles:

La disonancia cognitiva es el resultado que produce una obra de música contracultural. Sucede a veces que, las alteraciones con el más bajo y efímero de los orígenes son las que finalmente acaban trastocando el orden de las cosas, de la cultura, del mundo. La interiorización en los oyentes de la expresión musical crítica puede ser más efectiva que cualquier propaganda.

La música que es aceptada socialmente como "buena", puede en realidad entenderse de dos maneras bien diferenciadas:

1) La música diligente: Está bien hecha, venderá, su producto es satisfactorio para una gran mayoría. Véase: últimos discos de Dream Theater, Ayreon, Pain of Salvation...

2) La música inspirada: No sólo es buena sino que impone nuevos recursos expresivos, cánones o motivos. La música tiene la capacidadd de realizar conexiones complejas de amplio alcance, a menudo de manera más sencilla y conmovedora que el lenguaje. Cada acorde es una experiencia concreta, que puede ser compartido por los demás o no, ya que las conexiones melódicas no pertenecen a la música en sí misma, sino sólo a la experiencia de los oyentes. Lo que para el compositor pudo sonar a vitalidad desbordante, para el oyente puede ser una simple secuencia de sonidos desagradables. Hablaríamos entonces de una disonancia inconsciente. Véase: Bottled Science, Spastik Ink, Gorguts, y algunos de los momentos más inspirados de To Mera o Suspyre...

La diferencia puede parecer un mero capricho, pero es significativa. Un artista que realiza giras mundiales no puede producir discos genuinos e inspirados cada dos años. Tómese esta idea como un axioma.

El metal progresivo actual permanece en ese primer punto, y lo hace especialmente mal, centrándose, salvo excepciones, en mirarse a sí mismo como un producto musical alternativo que no es. Tengo la impresión de que desde 2006, las principales escuelas de música progresiva están empezando a reciclar ideas de una manera inevitable. Las nuevas oleadas traen de nuevo el minimalismo en el metal cómo sucedió a principios de siglo. Y ahora se entremezcla con el sonido progresivo, produciendo (masivamente) discos, sellos, grupos y subgrupos de una misma mierda.

 

La disonancia cognitiva me parece por ello, un concepto interesante para intentar defender la buena música crítica, y para introducir nuevas subjetividades en la cultura musical.

 

Jonathan Harvey dijo en Música e Inspiración:

«La música tiene la capacidadd de realizar conexiones complejas de amplio alcance, a menudo de manera más sencilla y conmovedora que el lenguaje. Cada acorde es una experiencia concreta, que puede ser compartido por los demás o no, ya que las conexiones musicales no pertenecen a la música en sí misma, sino sólo a la experiencia de los oyentes».

 

Con la disonancia cognitiva aplicado como término musical, hago hincapié en la posibilidad que tienen los verdaderos músicos de fomentar dicha "experiencia del oyente".

Aunque todo esto es, parafraseando a Daniel Denevert, teoría de la miseria... y miseria de la teoría al mismo tiempo, ya que, aunque es divertido escrutar el mundo de la música comercial y extraer con pinzas pequeños milagros, puedo decir realmente poco al respecto, salvo la satisfacción infinita que produce un hallazgo musical. Uno puede encontrar grandes revelaciones cuando oye que sus deseos, pensamientos y frustraciones se reflejan en esa música ruidosa.

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